Dicen que lo que ha iniciado todo es el panfleto “Indignaos” de Stéphane Hessel. Esas alrededor de 15 páginas que algunos han salido a criticar porque defiende la causa Palestina y porque anima a los jóvenes a rebelarse. Puede que lo de Palestina no viniera mucho a cuento, que no encajara dentro del panfleto. Pero no deja de ser interesante que un judío defienda desde hace mucho tiempo la causa de los palestinos en detrimento de Israel.
En cualquier caso, lo único que propone Hessel es algo de una lógica aplastante. Que la indignación es el
motor inicial de toda manifestación y posterior revolución. Y que un hombre que fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos invite a los jóvenes a proteger y expandir lo que su generación consiguió después de dos guerras mundiales (derechos humanos básicos, que incluyen la Seguridad Social, la dignidad, la libertad, el bienestar para el desarrollo pleno de una vida humana) da muchísimo que pensar.
Hessel, a sus 93 años, está viendo cómo esta crisis, en lugar de traer nuevas ideas y reformas necesarias, está perpetuando las políticas menos solidarias y más corruptas. Dice Hessel que cada vez hay más diferencia entre los ricos y los pobres y que en Occidente, cuna de los Derechos Humanos, éstos están desapareciendo para salvaguardar el libre mercado y a las élites que desde hace décadas deciden los designios del mundo. Verdades innegables que a Hessel le exasperan. Por eso llama a la indignación y a una manifestación y/o revolución que debe ser pacífica.
Es en esta misma línea de pensamiento en donde se sitúan las organizaciones, en su mayor parte juveniles y articuladas a través de las redes sociales, que están adheridas al movimiento “democracia real ya“. Reclaman, como Hessel, algo lógico, pero, hoy por hoy, utópico. ¿Quién no puede estar a favor de una reforma de unas instituciones obsoletas? ¿Quién no está cada vez más enfadado por el triunfo constante de los mercados en detrimento de la libertad y de los derechos de los ciudadanos? ¿Qué joven no está harto y asustado por la precariedad laboral, por los contratos de becario indefinidos o por un porcentaje de paro juvenil que supera ampliamente el 40%?
A los jóvenes occidentales de hoy en día los llaman “apáticos”, “apolíticos”, se les añade la característica de individualistas y vagos, producto de un Estado del Bienestar que se lo ha dado todo hecho. Son estas mismas voces las que reclaman una mayor implicación de la juventud en lo público y en su gestión, es decir, en la política. ¿Quién no ha escuchado por la calle durante los últimos años conversaciones que giraban en torno a la sorpresa de que con tales tasas de paro y recortes sociales la gente, y en concreto la juventud, no haya salido a manifestarse?
En la manifestación del pasado 15 de mayo tienen la respuesta de una parte de la juventud. Una respuesta que, en general, no ha gustado, sino que ha preocupado y alarmado a más de uno. Tiene gracia que haya voces políticas que no paren de reclamar a los jóvenes activismo, pero con unas llamadas que ocultan, en realidad, una mentira tan grande que resulta insoportable: queremos que los jóvenes se impliquen, pero solo para lo que nosotros queremos; es decir, para que nos voten a nosotros y no a los otros, para que se unan a la secta de las ”juventudes” de mi partido y no a las del otro, para que continúen con el mismo sistema de siempre y se crean que las cosas pueden cambiar con la misma forma de hacer política a través de los cauces de siempre. Y para que, después de entrar en las juventudes, puedan llegar arriba para recoger el testigo del que está ahora, previo lavado de cebrero, requisito indispensable para mantener la disciplina de voto y la política de siempre.
Y así se han encontrado con un panorama bien distinto. Con una juventud que no cree en los partidos de siempre, de los que opinan que defienden prácticamente lo mismo. Como en el turnismo de la época de la Restauración. Y cuando ahora en Twitter y en algunos eslóganes electorales aparece el término “PPSOE“ para referirse a esta situación, los medios, los lobbies y las élites políticas, económicas y sociales se han asustado. Y mucho. Hablan incluso de movimientos antisistema.
Es triste que en la mayoría de medios hayan aparecido casi teorías conspiratorias sobre lo que puede estar detrás de este movimiento, en lugar de realizar su labor de servicio público. Unos dicen que están detrás de IU, otros que son movimientos antisistema y anarquistas y otros, incluso, que es un movimiento orquestado por la extrema derecha para restar más votos al PSOE y el PP salga beneficiado.
Por el momento, no ha habido adhesión a ningún partido político. Es más, el movimiento perdería toda credibilidad si esta situación se diera. La realidad, hoy por hoy, es que ese apartidismo no se basa en en el “no votar a nadie” sino en el “no les votes”, es decir, no votes a los de siempre: al PP, al PSOE o a CiU, que son, junto con el PNV, los que orquestan desde el inicio de la democracia española el devenir de este país en todos sus frentes. Es exactamente lo que dice la organización “No les votes” que se ha unido al movimiento “democracia real ya”: “No te pedimos el voto por ningún partido o ideología en concreto, sino que te informes para comprobar si existen alternativas políticas que quizás representan mejor tus ideas, y lo que los ciudadanos concebimos como democracia. La democracia no son los grandes partidos: la democracia eres tú, y millones como tú. Sin tu voto no son nada”.
Esta es la respuesta de una juventud española que definitivamente ha explotado. Y cuyo movimiento, aún en fase de gestación, tiene visos de seguir creciendo de forma imparable. Una juventud que demanda auténticas reformas y no parches que continúen con el mismo sistema que vive a merced de los mercados. Una juventud que desea reformar nuestras instituciones democráticas, que termine el bipartidismo, que se erradique la corrupción de cuajo, que se mantengan y desarrollen los derechos de los ciudadanos y que se apliquen políticas sociales para salir de la crisis. ¿Y tan extraño lo ven algunos?

La sociedad está harta. Y cada uno busca su manera de cambiar las cosas. Yo me metí en política, y otros van a la Puerta del Sol. Pero Todos tenemos algo en común: sabemos que si esto no cambia se va al garete. Pregunta: ¿Hacia dónde hay que ir para un cambio real y efectivo?
Yo formé parte de uno de los grupos de organización de esta plataforma hace unas semanas, cuando se empezó a gestar por todo el ámbito nacional.
Dejé de participar de manera activa en la planificación porque creo que hay unos errores de estrategia, y de concepción.
Los errores de estrategia son los de repetir eslóganes de movimientos de izquierda, con lo que prescindir de la simbología es meramente otro tipo de símbolo vacío; de la misma forma pone en contra a mucha gente que comparte, seguramente, la esencia de la indignación de este movimiento.
El otro gran fallo está en llamar “mercados” y “neoliberalismo” a los dos grandes enemigos, cuando el problema es corrupción y robo. El crimen está en que los principales partidos políticos han torcido las leyes para perpetuarse en el poder y eliminar la separación de poderes dentro del Estado.
El libre de mercado no puede tener la culpa de lo que ocurre en España porque, sencillamente, no existe. Existen connivencias entre políticos y banqueros que trasladan su pésima gestión a una deuda pública que pagaremos todos en el futuro, existen favores y despilfarro de las contribuciones individuales en nombre de “estabilidad”. El libre mercado habría aplastado a los bancos sin la intervención de los partidos políticos al rescate.
Hay que enfocar esto, en mi opinión, a una reestructuración de la ley electoral, para dar igualdad de oportunidades a nuevas fuerzas políticas (evitando así el apoltronamiento de una clase política aristocratizada) y evitar la financiación en base a una representación que hace que el reparto del congreso y senado sea inercial y contrario a los cambios.
Un saludo,
Guillermo: las instituciones hay que cambiarlas desde dentro, como dices. Es una forma más lenta pero también la más incruenta, valga el término. Que existan ciudadanos normales que se hayan metido en política por las razones que esgrimes me parece una de las mejores noticias que se le podrían dar a este país. Ánimo y adelante.
Fer M: De acuerdo con lo que dices. Uno de los problemas que veo yo es haber centrado gran parte del discurso en Botín. Es un topicazo de los buenos. La culpa de la crisis no solo la tienen los bancos y los políticos, la tenemos todos que hemos vivido durante mucho tiempo en una burbuja en la que todos hemos participado sin pensar en consecuencias. No obstante, eso no quita para que el neoliberalismo actual, el que provocó la crisis, es el que está intentando sacarnos de ella recortando derechos sociales y perpetuando un sistema que no funciona. Más escuchar y leer a economistas que proponen cosas diferentes, tipo Krugman, y menos esperar a lo que hace Sarkozy y Merkel.
[...] catalán o con las críticas a Gallardón en su propia casa. Pero iremos por partes. En un anterior artículo expresé mi apoyo al movimiento, es decir, a la idea original que inició todo. Ahora, para empezar [...]