La única diferencia de la economía española

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La prima de riesgo española -diferencia del tipo de interés entre el bono español y el alemán a 10 años- volvió ayer a los mismos puntos básicos que cuando Zapatero inició sus primeros recortes. 160 puntos básicos, es decir, un interés 1,6% mayor que el alemán. Una buena noticia que aleja -parece que de forma definitiva- el riesgo de un rescate completo de la economía española. Hace tiempo que ya ni se habla de eso, pero no tanto desde que la troika estuviera a punto de hacerlo.

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Ahora bien, ¿por qué los mercados han ido relajando en los últimos meses la presión sobre la deuda española? ¿Tantas diferencias hay entre la economía española actual y la de 2011, entre un Gobierno u otro?

En realidad, no. La llegada de Rajoy al poder y el inicio de una serie de recortes cada vez más dolorosos no han mejorado los datos macroeconómicos de España, que ahora en teoría deberían despegar por el anuncio del inicio de la recuperación. Por ahora, son solo previsiones, porque más allá de algún dato puntual de mejora del paro, los datos macroeconómicos son por lo general peores que cuando se marchó Zapatero de forma adelantada. Estas son algunas de esas cifras:

- La deuda pública de todas las administraciones españolas estaba en 2011 en el 68,5% del PIB. Desde entonces no ha parado de crecer y en 2013 se quedó en nada menos que el 94%. Está previsto que en 2014 se supere el 100%.

- La tasa de paro, según la Encuesta de Población Activa (EPA), estaba el cuarto trimestre de 2011 con un 22,85%; mientras que en la misma fecha de 2013 había subido hasta el 26,03%.

- El déficit de las administraciones públicas cerró en un 8,96% en 2011, sin contar ayudas a la banca. Siguiendo el mismo criterio, en 2013 todo apunta a que se quedó en el 6,62%. Es uno de los pocos datos que suponen una mejoría y viene en buena medida por el control de los déficits autonómicos y municipales. Sin embargo, y en comparativa con los dos mismos ejercicios, la deuda de exclusiva de la Administración central (el Estado más la Seguridad Social) está peor con Rajoy que con Zapatero. En 2011 fue del 5,20%; y en 2013, del 5,49%.

Aun con todo, es indudable que el déficit es mejor; pero objetivamente no tan bueno como debería ser después de más de dos años con una política de recorte más recorte, y por supuesto subidas de impuestos. Tanto sufrimiento no ha mejorado ni en dos puntos porcentuales el nivel de déficit y un año más España ha incumplido el objetivo marcado por Europa, si bien por solo 12 centésimas. Aun así, hay que recordar que dichos límites que ha impuesto Bruselas han sido elevados en varias ocasiones por la imposibilidad de cumplirlos.

- En cuanto al crecimiento, el PIB español subió un 0,4% en 2011; los cálculos actuales señalan que España cayó un 1,2% en 2013.

Dejando a un lado los datos, tampoco parece que el cambio de política económica del Gobierno español haya sido un revulsivo. Primero, porque Zapatero empezó a implementar al final de su mandato las mismas medidas que luego Rajoy ha utilizado y sigue impulsando. Subida de impuestos y recorte de gastos, todo con el objetivo de cuadrar el déficit.

Ejemplo de ello es que los mercados no rebajaron la presión sobre el bono español pese a que se empezaran a aplicar ‘reformas’ cada vez más duras. No hay que olvidar que la prima de riesgo récord se registró después de varios meses de Gobierno popular. A dicho máximo histórico se llegó en julio de 2012, con 649 puntos básicos.

¿En qué se fijan los mercados? ¿En el nivel de deuda? ¿En el paro? ¿En el déficit? ¿En el crecimiento? En principio, parece que en ninguno porque ninguno ha mejorado sustancialmente (la mayoría han empeorado). ¿Qué explica entonces semejante bajada de la prima de riesgo?

Los mercados se fijan en muchas cosas, obviamente. Para empezar, en la imagen exterior de España, que sigue marcada por la calificación de la deuda que da el oligopolio de las agencias privadas de ráting (Moody’s, Ficht…) y por supuesto por los medios de comunicación referentes en el mundo de las finanzas, sin ir más lejos ‘The Economist’.

Pero el revulsivo definitivo no vino por una medida concreta o una actitud general del Gobierno de España, sino por las presiones hacia una persona que, en un ya muy tardío momento, apareció y dijo una frase que calmó a los mercados. Luego lo refrendaría con hechos y hoy, tras varios rescates -algunos de ellos especialmente fallidos- y otros formulados pero no materializados, sigue debatiéndose entre actuar más o seguir dejándose llevar.

El BCE está listo para hacer cualquier cosa que haga falta para salvar el euro; y creedme, será suficiente“, dijo Mario Draghi, presidente de esta institución, el mismo mes de julio en el que España agonizaba.

Ese mensaje tan sencillo lo cambió todo. La Unión Europea dejó el juego macabro sobre la posibilidad de que un país se saliera del euro para asegurar que eso no pasaría nunca. Y alejó así el miedo de los acreedores a que, si un país dejaba la moneda única para salvar al resto de naciones, este pudiera optar por fórmulas como quitas de deuda, retrasar los pagos o reducir la cantidad de estos. Con las palabras de Draghi, la seguridad de que eso no iba a pasar calmó a los mercados y, con ellas, despareció gran parte del miedo y del riesgo-país.

Las ‘gracias’ por esta mejoría en la financiación, que indudablemente facilitará las cosas al Estado español, no hay que dárselas a ningún Gobierno en concreto; sino a ese señor tan lento de reflejos que en julio de 2012 hizo lo que debería haber hecho el BCE en cuanto comenzó la crisis de deuda en 2010, cuando por entonces mandaba el francés Jean-Claude Trichet.

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De cómo recorrerte media ciudad para pedir unos cuantos documentos

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Las administraciones están despidiendo a funcionarios y no contratando interinos para ahorrarse unos cuantos millones de euros; a esto en el lenguaje político se le llama “mejorar la eficiencia de la administración pública”. Ese eufemismo, como todos ellos, esconden una mentira o al menos una verdad a medias, no solo porque hay ahora mismo menos funcionarios que están haciendo muchísimo más trabajo que antes (especialmente, en las oficinas de empleo) y por tanto prestando un peor servicio, sino porque ese “plan de eficiencia” ha dejado de lado lo más importante: simplificar trámites o intentar concentrarlos todos en un punto concreto de cada ciudad. 

Dependencias para renovarse el DNI, pasaporte... Foto: Ministerio del Interior.

Dependencias para renovarse el DNI, pasaporte… Foto: Ministerio del Interior.

Lo digo por las vueltas que me doy cada vez que tengo que renovar el pasaporte y el DNI, solicitar un documento a la Seguridad Social, darme de alta o de baja como desempleado, pagar algún impuesto, etcétera. Hoy, por ejemplo, para pedir mi número de afiliación a la Seguridad Social he tenido que ir hasta la calle Fray Luis Amigó de Zaragoza. Ahí me han atendido con rapidez y eficiencia. Sin embargo, cuando he solicitado una tarjeta sanitaria propia, una vez que soy cotizante, me han dicho que ahí no se facilitaba y que, para ello, tenía que acudir a mi centro de salud, que está al final de Condes de Aragón. Al final he optado por no ir, porque no me hacía falta urgentemente y tenía cosas mejores que hacer. Hace unos meses también tuve que acercarme a las oficinas del INEM -ahora lo llaman SEPE-, que en mi caso están en Doctor Cerrada, en vez de poder por ejemplo ir a la propia Seguridad Social a comunicar que estaba en el paro.

No me imagino lo que tiene que hacer un inmigrante o un autónomo con todos estos trámites. Para pedir un DNI o un pasaporte tienes que ir a otro lado, a una comisaría que tenga dependencias para tal efecto, y pedir cita con aproximadamente un mes de antelación. Yo tengo que ir hasta la avenida de Valencia. Si fuera extranjero, además, tendría que ir hasta el Registro Civil -en la calle de Alfonso I- o a un notario, para ir haciendo varios trámites que tras varios meses terminan con la jura de la nacionalidad. ¿Y qué pasa con un autónomo o con un pequeño empresario? Tiene que ir al Ayuntamiento -en Vía Hispanidad- para pagar el impuesto de licencia municipal de apertura; si haces obras en el local, tienes que hacer otro trámite… Y eso por no hablar de la inscripción en el registro mercantil -en la plaza de Mariano Arregui-, la liquidación de impuestos varios -IVA, IRPF…- que también se hacen en otras dependencias, obtener una número de identificación para tu empresa y un largo etcétera. Tampoco te librarás de pagar el IBI, tanto de tu casa como del local donde tengas la empresa, con lo que tendrás que pasarte de nuevo por el ayuntamiento.

Algunos dirán que eso se llama “competencia”. Es decir, el trabajo que tiene asignado cada administración. Y es cierto que los funcionarios deben estar especializados en una serie de trámites para que se conozcan todos los pormenores del tema al que se dedican -desempleo, registro mercantil, registro civil, pago de impuestos municipales…-. Mejora enormemente el servicio y lo hace más eficiente. Pero no dejo de preguntarme si habrá algún día en el que, dentro de esas ‘profundísimas’ labores para mejorar la eficiencia de las administraciones públicas, les dará por pensar un poco en el ciudadano. ¿Por qué no se centralizan todos estos trámites, o la mayoría de ellos, en un mismo edificio? Seguirías teniendo que ir de una ventanilla a otra y hacer las respectivas filas, pero al menos te evitarías tener que recorrerte media ciudad para pedir un par de documentos cada unos cuantos meses o años. Eso sí que sería mejorar la eficiencia de la administración, y no despedir a funcionarios para cuadrar las cuentas.

“¿Quién se ha comido las fresas?”

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Humphrey sin cigarrillo y sin Lauren Bacall a su lado también se hundía de vez en cuando. Memorables las escenas de la crisis de mando del capitán Queeg en medio de un tifón; o el proceso inquisitorial para averiguar qué miembros de la tripulación se comieron más fresas de las permitidas (algo que, por cierto, aún pasa en mi casa de vez en cuando).

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Fotograma de ‘El motín del Caine’. IMDB

Georges Perec y T. S. Eliot

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He vuelto a caer -ya lo siento- en las manos de Georges Perec. O más bien, ‘Un hombre que duerme’ ha caído en mis manos. Y os contaría lo que he sentido o me ha parecido, pero me he quedado sin ganas de hacer nada :). Copio y pego:

La indiferencia no tiene principio ni fin: es un estado inmutable, un peso, una inercia que nadie lograría hacer tambalearse. A tu centro nervioso llegan todavía, sin duda, mensajes del mundo exterior, pero ninguna respuesta global, que pondría en juego la totalidad del organismo, parece lograr elaborarse. Sólo te quedan los reflejos elementales: no cruzas cuando el semáforo está en rojo, te resguardas del viento para encenderte el cigarrillo, te abrigas más las mañanas de invierno, te cambias de polo, de calcetines, de calzoncillos y de camiseta más o menos una vez por semana y de sábanas un poco menos de dos veces al mes.

La indiferencia disuelve el lenguaje, enturbia los signos. Eres paciente y no esperas, eres libre y no eliges, estás disponible y nada te moviliza. No pides nada, no exiges nada, no te impones nada. Oyes sin escuchar, ves sin mirar: las grietas de los techos, las tablillas de los parquets, el diseño de los baldosines, las arrugas que rodean tus ojos, los árboles, el agua, las piedras, los coches que pasan, las nubes que dibujan en el cielo formas de nubes.

La cosa es que cada vez que leo algo de Perec me vienen a la mente las historias y ensayos de otros ‘colegas’ suyos: Cioran, Roth, Walser, Joyce… Pero, sobre todo, me acuerdo de T. S. Eliot y su ‘The Hollow Man’, poema que dejo a continuación para deleite -o futuro ahorcamiento- del lector. Sed felices.

SOS

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Cuando hoy he leído en El País que seis militares españoles pisotearon a dos presos iraquíes en 2004 me ha venido a la mente la trama de la película ‘En el valle de Elah’ (2008). Allí, Tommy Lee Jones descubre que su hijo, un soldado estadounidense asesinado tras regresar a su país por sus propios compañeros, también había torturado a presos en Irak. La película termina con el padre izando la bandera de Estados Unidos al revés, lo que tradicionalmente ha significado una llamada de auxilio por un amotinamiento, por un secuestro y ahora también por actos de terrorismo. Esta es la escena en cuestión: